Archivos por Etiqueta: el poder de las palabras

Sí, sí, soy yo, pero quizás “no estoy” en estos momentos.

Asistimos a un bombardeo constante de webinars, formaciones online, vídeos en directo de personas que nos ofrecen sus servicios para que seamos mejor vendedores, mejor coaches, mejor consultores, mejor equipo, mejores líderes, en definitiva, para ser más y mejores en lo que sea.

Sin embargo, veo a mi alrededor cada vez más personas que no tienen claro en que quieren ser mejores, personas que disponen de todos los recursos si se parasen a mirarse, que tienen muchos conocimientos y unas ganas enormes de hacer algo por los demás que les trascienda así mismos, pero que les falta el enfoque, les falta la organización, les falta sentarse a desarrollar un plan estratégico, les falta el hábito de la disciplina, y sobre todo, sobre todo, les falta creer en sí mismas.

Tengo la sensación, aunque solo es una percepción mía (no avalada por estudios estadísticos, ni científicos), que la originalidad y aquello nos hace diferentes y por tanto atractivos a un segmento potencial de clientes, lo estamos buscando fuera de nosotros mismos.

Conozco personas que son verdaderos coleccionistas de cursos, másteres, y postgrados, y no son los títulos, las certificaciones o las acreditaciones lo que les resuelve esta inseguridad y falta de decisiones para dar el paso, porque incluso después de obtenerlos, siguen estando en un efecto bucle, pretender suplir el hueco que les produce la inseguridad desde la acumulación de conocimientos sea quizás el problema, ya que la inseguridad más que ver con la falta de conocimientos tiene que ver con las creencias que se nos formaron hace mucho tiempo, quizás a los 6 años, cuando un familiar nos dijo algo que nos hizo sentir así y nos lo creímos porque era un referente para nosotros, o quizás fue nuestro profesor de música diciéndonos a los 7 años que no se nos ocurriese dedicarnos al canto porque inundaríamos ciudades enteras.

Es cierto que en el pasado todos hemos tenido experiencias que nos marcaron para no empoderarnos o para instalarnos en la inseguridad, pero también es cierto que de nosotros depende desaprender lo que nos está impidiendo avanzar y reaprender nuevas estrategias.

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EL MIEDO NO ES LA CAUSA DE NUESTROS LÍMITES, SINO NUESTRA RELACIÓN CON ÉL.

 ¿Qué relación tienes con el miedo?

Para contestar a esta pregunta nos tendríamos que retrotraer a nuestras primeras experiencias de vida.

Tres aspectos para tener en cuenta:

  • El miedo es una emoción intrínseca del ser humano.
  • Es una emoción clave para la supervivencia.
  • El papel que juegue en la actualidad en nuestras vidas dependerá del tipo de aprendizajes que hayamos tenido en nuestra relación con él.

Vamos a hablar de los aprendizajes inadecuados por la influencia que tienen en nuestras decisiones y comportamientos.

3-1.1      El poder de lo que nos han dicho.

Desde temprana edad hemos escuchado una y otra vez:

“No   tengas miedo” “Eres un miedoso” “Que nadie note que tienes miedo” … y barbaridades por el estilo.

Y digo barbaridades porque lo más normal como humanos es sentir miedo, al igual que la casi totalidad de los demás seres vivos del planeta.

3-1.2   Como afecta a nuestra identidad.

La carga emocional sujeta al miedo ha ido calando de manera decisiva en nuestra identidad y en nuestros diferentes roles (en el trabajo, los amigos, la familia…)

 

 

  • Descubrir nuestras estrategias La necesidad de ocultar lo que no nos hemos permitido ha creado un estado de alerta constante y desarrollado una serie de estrategias que a nivel inconsciente aparecen cada vez que nuestro cerebro detecta el miedo.

Estamos desaprovechando constantemente la ventaja que nos brinda esta emoción, de buscar los recursos necesarios para seguir avanzando.

Nuestro perfecto proceder cerebral detecta todas las experiencias que nos generan miedo, basándose en experiencias pasadas, de modo que el sistema prefrontal ya no se detiene a investigar más sobre el asunto. En milésimas de segundo ya se han puesto en funcionamiento nuestro patrón estratégico encargado de salvarnos de la amenaza.

En ese momento nuestro cerebro funciona como el corrector de los WhatsApps, empiezas a escribir una palabra y el sistema ya está programado para terminarla por ti, tu sigues absorto en las teclas y en el contenido del mensaje, pero en la pantalla no siempre aparece lo que tu pretendes escribir.

Las claves para relacionarnos de otro modo con el miedo

  • Tomar conciencia de las señales fisiológicas de nuestro cuerpo que pertenecen al miedo.
  • Saber distinguir el miedo de cualquier otra emoción. Es muy habitual que el miedo se esconda detrás de la rabia o la tristeza como parte del mecanismo de defensa.
  • Actitud de abrirle las puertas a los miedos y sentarnos a hacerles una entrevista esclarecedora en lugar de negar su existencia.
  • Cambiar la estrategia, no es cargarse la que está instaurada, porque esta tiene su finalidad. Se trata de modificar la estrategia que no nos está sirviendo por otra que sí que lo haga.
  • No entrar en conflicto con el hecho de experimentar el miedo. Identificar el miedo como la señal para hacer algo nuevo y distinto a lo de siempre para seguir creciendo.

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